jueves, 24 de septiembre de 2015

Reflexionando: amigos imaginarios.

Desde siempre me ha fascinado la embriología del sistema nervioso central, su formación, como intraútero, cuando va madurando un feto, se producen los fenómenos más determinantes de nuestra existencia.
Como es posible que fetos de 30 semanas sientan, como será el pensamiento, que vínculos se desarrollan con la madre y sobre todo como influye el mundo que les rodea. Es increíble, pero más increíble aún es como los médicos, los científicos tenemos la tendencia de categorizar todo, de “biologizar” absolutamente todo, dejando de lado el mundo emocional, que en muchas ocasiones es de gran trascendencia.
En neurociencia conocemos la poda sináptica o poda neuronal (pruning) como una serie de procesos reguladores neurológicos que facilitan los cambios en la estructura de los nervios mediante la reducción del número total de neuronas y sinapsis, dejando las configuraciones sinápticas más eficientes. Se considera como una característica general del desarrollo neurológico de los mamíferos. 
Dicha selección comienza cerca del nacimiento y se completa en el momento de la maduración sexual en los seres humanos. Sabemos que el cerebro humano está formado por más de 100 mil millones de neuronas. Dos factores contribuyen a este crecimiento: el crecimiento de las sinapsis entre neuronas y los procesos de  mielinización de las fibras nerviosas. En general, el número de neuronas en el córtex cerebral aumenta hasta la adolescencia reflejando un crecimiento de las sinapsis o conexiones. Posteriormente una disminución en las mismas se ve después de la adolescencia reflejando la poda sináptica, de hecho aproximadamente el 50% de las neuronas durante el desarrollo no sobreviven hasta la edad adulta. La poda es influenciada por factores ambientales y se identifica con fenómenos de aprendizaje.
Se cree que el propósito de la poda sináptica es eliminar estructuras neuronales que no son necesarias para el cerebro y así la necesidad de comprender estructuras más complejas se convierte en mucho más importante,  en detrimento de asociaciones más simples formadas en la infancia que se piensa que directamente desaparecen o son sustituidas por otras.
Por otra parte vamos a describir lo que es un amigo invisible en la infancia.
Muchos niños en edades tempranas tienen un amigo imaginario con el que hablan, con diálogos estructurados o juegan animadamente. En ocasiones esto resulta una preocupación para muchos padres, que acuden al pediatra o al psicólogo infantil.
El amigo imaginario es un fenómeno bastante común (hasta un 65% de niños norteamericanos de menos de 7 años ha tenido uno) pero aún no sabemos por qué surge este compañero y en que momento del desarrollo del pequeño.
Mientras que para el psicoanálisis y el cognitivismo clásicos los amigos imaginarios eran una  expresión de inmadurez o síntomas de una incipiente neurosis, hoy día se considera que esto no es así en absoluto.
Las teorías que manejamos son: primero que al estar a cargo de las dos partes de la comunicación, se va a facilitar el desarrollo de habilidades comunicativas, ampliando el vocabulario y la comprensión de la realidad desde la perspectiva del amigo imaginario; en segundo lugar, estos amigos pueden ayudar a expresar sentimientos, incluso disminuyendo cualquier comportamiento agresivo o violento; y finalmente, en una menor población, la aparición de un amigo imaginario se considera un intento del niño por cubrir su carencia afectiva. En estos casos surge como un chivo expiatorio para explicar aquellos comportamientos que se rechazan en el ámbito familiar. 
En estos contados casos es cuando debemos de estar encima para evitar que se patologice al niño y estar pendientes de las posibles carencias emocionales del pequeño o bien si que se puede corresponder con un posible proceso de enfermedad.
Normalmente el compañero imaginario desaparece al socializarse el niño de forma con otros niños, casi siempre sobre los 6 años de manera clásica. Sin embargo investigadores de la Universidad de Washington, han encontrado que hasta el 31% de los niños de 6 y 7 años tenían amigos invisibles mientras que este fenómeno aparecía solo en el 28% de los preescolares.
 Llegados a este punto, si nos fijamos, es muy posible que el mayor desarrollo del cerebro humano que se produce en esta primera infancia, se corresponde con una creencia en el mundo fantástico, en un mundo más cercano a lo primitivo que al racionalismo que nos rodea. Y no podría ser que quizás esa enorme cantidad de neuronas, de conexiones que van a desaparecer, representara algo que para los adultos está prohibido, algo que nos conecta con otras realidades que negamos, con una conciencia del ser humano primigenio que se va a eliminar en búsqueda de otra humanidad evolutivamente más selecta.
Donde nos dejamos la magia, la fantasía, las emociones y otros sentimientos o de manera más metafísica, que somos capaces de ver a esas edades que luego se nos niega.
Mi profesión y su día a día me hacen ver muchos niños, muchos y muchas situaciones que a veces me generan este tipo de dudas, que se pueden resumir en una: hacia donde vamos. 

 

"No walk today". Sophia Anderson 1856.



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